Juegos en la sala

“El niño no juega para aprender, pero aprende cuando juega” (Martha Glanzer)

Si bien la única finalidad del juego es el placer, se podría afirmar que jugando se
producen los aprendizajes más importantes: durante el juego los niños expresan sus
ideas acerca de los temas que en él aparecen, manifiestan sus esquemas conceptuales,
los confrontan con los de sus compañeros. Esto les permite rectificar lo que no es correcto
o no sirve, o ratificar sus ideas acerca de lo que conocen.
Por ser el juego una actividad libremente elegida, no debe haber presión externa para la
manifestación espontánea del niño. Por lo tanto, lo que en el juego aparece es lo más
auténtico del pensamiento infantil; lo que “pone en juego” el niño es lo que tiene
verdadero sentido para él: sus intereses, preocupaciones, curiosidad, miedos, lo
inabordable. “Jugar es jugarse, es entrar y salir de la locura…”, dice Eduardo Pavlovsky
Es no estereotipar, es mover el orden de las cosas, inventar caminos, transformar la
mirada, simbolizar, movilizar reglas, convenir, crear, que en última instancia, es, al fin, la
gran operación del sentido.